Cede el paso
a alguien y lo lamentarás.
La cola más
lenta se comportará como un potente imán para
tí.
Siempre viene algún despistado de
frente que te impide adelantar.
Todo
intento de evitar un atasco acaba en otro mayor.
Un
semáforo verde divisado a lo lejos, se pondrá
rojo poco antes de ser cruzado. Un semáforo rojo
divisado a lo lejos, permanecerá rojo cuando
llegues a él.
Tan
pronto como cedas el paso a otro vehículo, éste
te quitará el único aparcamiento que había.
Lo que
a lo lejos parece un hueco para aparcar, de
cerca será un vado.
Si por
error aparcas delante de un vado, tu coche se lo
llevará la grúa a los pocos minutos. No
obstante, si alguien aparca en tu vado, la grúa
tardará horas, en el mejor de los casos, en
aparecer.
Si
tienes dos coches, ambos se estropearán
simultáneamente.
Si
cedes el paso a un tractor, no podrás
adelantarlo en todo el trayecto.
Si
cambias de itinerario para ahorrar tiempo, te
perderás.
El
navegador GPS dejará de funcionar cuando más
desesperadamente perdido estés.
El
navegador GPS sirve para sacarte de un
itinerario que conoces, meterte en otro
completamente desconocido y, acto seguido,
estropearse definitivamente para dejarte tirado.
En un
trayecto con 20 semáforos, las posibilidades de
cruzarlos todos en verde son completamente
nulas. Sin embargo, las posibilidades de
encontrarlos todos en rojo son absolutas.
Dos
vehículos circulando en sentido contrario se
cruzarán en el punto más estrecho de la
carretera.
Un
coche lento te precederá durante un largo viaje.
Si ya
has salido tarde, no habrá paso cebra sin su
correspondiente peatón.
Los
semáforos se ponen rojos enseguida. Para que se
pongan verdes, tardan muchísimo más.
Siempre hay obras en el trayecto.
La
amabilidad en la conducción es inversamente
proporcional al tamaño del vehículo conducido.
Si
cuando te vas acercando ves que el semáforo
sigue verde, no te alegres: se pondrá rojo antes
de que llegues.
Cuanto más intensa sea la lluvia,
más lejos tendrás que aparcar y con más peso
tendrás que cargar.